Cuando el otro se enfada

Cuando en una relación, sea de pareja o amistad, el otro se enfada con nosotras, es una situación que algunas personas vivimos con mucha angustia.

Si de niña recuerdas alguna figura adulta enfadada contigo, probablemente tuviste que sentir miedo, ya que no tenías las herramientas para regularte y el adulto que estaba contigo probablemente tampoco…

La mayoría de personas que acuden a terapia, recuerdan estos hechos como muy angustiosos porqué cuando mamá o papá se enfadaban, gritaban mucho o bien dejaban de hablar, porqué al día siguiente hacían como si nada o bien seguían distantes, porqué señalaban continuamente el motivo de su enfado o bien no explicaban el porqué de su ira…

De hecho, la mayoría de ocasiones estos hechos, cuando una persona ha vivido en un entorno hostil, carecen de una explicación útil para poder entender lo que ha pasado, y digo útil porqué a menudo está sesgada, pero no oímos:

“Cariño, estoy enfadada, pero no tiene que ver contigo, he tenido un mal día en el trabajo y ahora he explotado, perdóname, no tenía que haberte hablado así”.

O bien si algún adulto se ha enfadado, recordamos su gesto, su tono de voz pero no su discurso hablando de la constancia y la permanencia, que sería algo como: “Me importas aún estando enfadada contigo, no te rechazo”.

No nos hablaron de su enfado podía necesitar distancia, desahogo o distracción…y así tampoco aprendimos a regular el nuestro.

De hecho, recuerdo una pequeña historia de un libro que leí sobre el trauma que pasaba de generación en generación, que decía, que un día una madre veía a sus hijas jugar, y de repente, al verlas jugar con un cojín se enfadó mucho, las amenazó con que no jugasen o lo tiraría…en el libro se explicaba que la madre había sufrido abusos por parte de un familiar, y ver el cojín, hacía que conectase con esa experiencia traumática y quisiera evitar eso en sus hijas, pero claro, las hijas sin entender nada, sólo veían a una madre enfadada con ellas por jugar. Sobre lo que hablo hoy, es sobre la explicación que nos faltó, saber qué no tenía que ver con nosotras el enfado, o si, pero que el amor no se iba.

Y es que de adultas, cuando nos encontramos en una relación de pareja, y vemos que nuestra pareja nos expresa su enfado, aunque no tenga nada que ver a cómo se enfadaban con nosotras, los recuerdos y los miedos van a volver. 

Vamos a creer que nos rechazan, que no nos quieren, que seguro que hemos hecho algo mal y por eso nos merecemos el castigo y la retirada de amor…

Y cuando tu pareja se enfada contigo, tu cabeza empieza a pensar cómo arreglarlo, qué decir y qué no, tu imaginación empieza a verse buscando otro hogar, tu cuerpo empieza a temblar levemente imaginando su cara enfadada…

Y siento decirte que esto no es algo rápido de resolver, sino que como ves, habla de experiencias pasadas de relación, de activación del sistema nervioso, de si las bases ocupadas de regularnos han sido lo suficientemente seguras…

Lo que te quiero transmitir es que quizá esa reacción que te abruma hoy porqué conecta con el abandono y la soledad tiene un origen más antiguo del presente, que no fue tu culpa y que mereces reparar tu historia de apego.