Cuando te desproteges

Recuerdo más de una sesión donde empezamos a darnos cuenta que aquello que ha considerado habitual en su dinámica familiar, parece perjudicial para su bienestar actual.

Me refiero que como era algo que desde pequeña siempre había sucedido así, no lo veía “mal” sino que era lo “normal”, pero viéndolo podía entenderse mucho más, y también su malestar.

Y es que, dentro de muchas casas que conozco, el tono de voz alto, los gritos, los gestos despectivos, tirar objetos en las explosiones de ira se han normalizado y justificado.

“Bueno cariño, no te pongas así, ya sabes cómo es”

“Es que claro, ahora de mayor, ya no va a cambiar”

“Ya sabes que no te lo dice a malas, que es así, entiéndelo”

Imagina que algún miembro adulto de tu familia de repente, sin ir contigo, se pone a decirte gritando que al dejar la silla mal puesta, se ha hecho daño en el pie…y a partir de ese hecho, sigue hablando, quejándose en general “algún día me iré para que no me molesten”.

Y tu agredida por las palabras, vas a pedir auxilio, alguien que te ayuda a frenar el golpe de esa herida, vas a buscar una voz más compasiva y menos crítica y te encuentras sola, porqué te dicen “ya sabes como es” “no hagas caso, que lo dice de broma” nadie te está diciendo “no tienes la culpa, no tiene que hablarte así, entiendo que te moleste, que no te guste oírlo, a mi tampoco me gusta”.

En tu casa, se aprende una dinámica de defender al que hiere al otro, y de no ver al que sufre…

Pues vamos a imaginarnos de nuevo, que cuando creces, llevas una pareja a tu casa, y esa pareja que no pertenece a tu familia, empieza a señalarte “oye, a veces tu padre te habla muy mal” o “me he dado cuenta que tu madre se enfada mucho contigo cuando en realidad no tienes culpa” y tu, que has aprendido a eso, les defiendes y les proteges repitiendo “no te preocupes, ya lo conozco” “pero no me lo dice a malas, ella es así”…

Y es que cuando has aprendido que la protección va del lado del que hiere, cuesta creerse merecedora de los buenos tratos, y lo peor es que cuando proteges al otro, te quedas desprotegida tu…porqué no te das espacio a hacerte alguna pregunta para poder protegerte.

¿Cómo te sentías tú cuando gritaba?

¿Cómo han impactado en ti sus quejas constantes?

¿Cómo era para ti que te hablase mal y nadie lo viese?