El origen del TCA

Hablar de los TCA sin hablar de la ETIOPATOGENIA es empezar a construir una casa por el
tejado. Esta palabra algo extraña para muchos de nosotros, es un concepto que viene de la
medicina y que hace referencia al origen de una enfermedad y sus mecanismos de
funcionamiento. Los trastornos de la conducta alimentaria al igual que el resto de patologías comprenden tres aspectos necesarios para comprenderlos: síntomas, tratamiento ( en el anterior post hablé sobre el camino del tratamiento de los tca) y las causas o factores que propiciaron que se
desarrollaran, sobre esto os hablo hoy.

Imaginemos que vamos a reunirnos con unos amigos para preparar una barbacoa,

¿Qué necesitaríamos?

  1. En primer lugar unos troncos de madera adecuados, es decir, a ser posibles que sean
    de encina o roble, que esté seca la madera y se hayan cortado el año anterior para que
    la humedad de su interior se haya perdido.
  2.  En segundo lugar necesitamos elementos como: carbón, pastillas de encendido y
    mechero o cerillas para asegurarnos que los troncos de madera se prendan.
  3. Finalmente, una vez hemos logrado que se encienda la leña, necesitamos mantener el
    fuego para evitar que se apague, gracias a un abanico o ventilador de barbacoa
    podremos lograrlo.

Llamamos factores predisponentes a las características que tiene “el tronco de madera” de las personas que desarrollan un TCA. Han surgido en su infancia y han dejado huella desafortunadamente, pero por sí solos estos factores no han desarrollado propiamente el TCA.

Aquí te presento algunos de ellos:
– Historia familiar e influencia genética con trastornos de la conducta alimentaria.
– Historia de burlas familiares, educativas, sociales relacionada con la apariencia física.
– Baja autoestima.
– Características psicológicas como exigencia, perfeccionismo y necesidad de control.
– Altas capacidades: personas altamente sensibles, superdotación.
– Influencia del canon de belleza.
– Sexo femenino.
– Presión en deportes de alto rendimiento o deportes donde la competición es lo que
impera como por ejemplo: natación, gimnasia rítmica, danza, patinaje.
– Comunicación familiar: invasión por parte de los familiares en el propio espacio
personal, escasa o nula comunicación.
– Estilos parentales: negligencia, sobreprotección.

El carbón y el mechero son en el TCA los factores precipitantes, activadores de estrés que
propician el “encendido” y la puesta en marcha como forma de” mal resolver” el desajuste y el
caos que producen.

Algunos de ellos son:
– Abusos sexuales, emocionales y físico.
– Separaciones y divorcios.
– Muertes.
– Situaciones catastróficas: incendios, accidentes, catástrofes naturales, pandemias.
– Confinamiento.
– Mudanzas.
– Cambios:
– Responsabilidades familiares,
– Hábitos de sueño.
– Nuevos miembros en la familia.
– Económicos.
– Enfermedades familiares.
– Problemas con la ley.
– Despido laboral.

En ocasiones podemos encontrar que hay otro tercer grupo de factores llamados
mantenedores, que cumplen la función de “abanicar” para que el fuego no se apague. Tomar conciencia de ellos nos acerca a la mejoría y a soltar el control en el síntoma.

Algunos de ellos son:
– Mantener en secreto que se sufre un TCA, esto puede dar lugar a escasa conciencia de
enfermedad y a una negación de la situación.
– Complacer y acceder a las peticiones de las personas que sufren el trastorno.
– Dinámicas disfuncionales de relación y comunicación, por ejemplo: apego ansioso,
apego ambivalente, comunicación pasivo-agresiva.
– Ordenar, dirigir y forzarles a través de la lógica a que las personas que sufren un TCA
“entiendan” que no se “debe” tener un TCA.
– Obsesión aumentada por la comida o el ejercicio físico.
– Mantener perfiles en redes sociales donde predomina la obsesión y el culto al cuerpo.
– Relaciones tóxicas de dependencia.
– Consumo de drogas y alcohol.

Por lo tanto se necesitan más de un factor para desarrollar un trastorno alimentario, conocer
cuál ha sido nuestra combinación nos ayudará a comprender nuestra historia y a poder hacer
algo diferente con la finalidad de cambiarlo.

Quizás es momento de ir apagando el fuego y poder encontrar alternativas saludables, porque
tú también te mereces una nueva oportunidad de aprender a vivir de una forma diferente.
Cómo dijo una vez una paciente del grupo de hospital de día:

“Prefiero atravesar la tormenta a vivir atormentada”.

[Escrito por Clara Pellicer, psicóloga del equipo Marta Segrelles, especialista en TCA]