La emoción que desborda

Recuerdo cuando estuve haciendo mis prácticas del posgrado de Crianza Consciente y Educación Emocional, fui a Gori Gori, un proyecto de educación libre en Barcelona.

El modelo de educación libre consiste en unas ratios bajas, a unos 3-4 alumnos por profesor, ahí además de los educadores también hay algún familiar voluntario cada día y colabora, realmente, son equipo…

Digamos que es una educación basada en la aceptación y respeto por la persona, dónde la principal función no está únicamente encaminada hacía el éxito laboral, sino también en el desarrollo dimensional personal.

Pues bien, en esa escuelita, las edades eran de 2 a 6 años y era como una casa donde tenían diferentes habitaciones, por ejemplo, en la habitación de la calma se hablaba bajito, habían cojines, cuentos, juegos colaborativos…

Y luego estaba la sala de psicomotricidad, esa era la que peor llevaba yo, porqué era muy difícil no estar interviniendo en cada acción que querían tomar la iniciativa, los veía tan pequeñitos queriendo subirse a una colchoneta para tirarse, escalando…

Pues en uno de los turnos donde yo estaba ahí, el educador principal me dijo, “Marta, estate atenta, y si ves que la emoción se desborda, ahí puedes intervenir”. Se refería a que cuando hay mucha emoción, los niños están jugando, se agachan, se cogen, se abrazan fuerte, pero hay una fina línea donde esa emoción puede convertirse en pelea, lloro, frustración…

También ocurre con los perros, ¿sabéis esos sonidos que hacen cuando juegan? pues un minuto más tarde, el mismo sonido sube, se desborda y se enganchan o marcan territorio.

¿Por qué te cuento todo esto?

Por qué después del confinamiento, habían pasado muchos meses y notaba que tenía que empezar a salir, a readaptarme…y cogimos entradas para ver el espectáculo de magia del Mago Pop, en un súper teatro, lleno de luces, con mucha gente y emoción…

Pues bien, después de la nula actividad social, cuando me vi por primera vez allí, con tanta gente, encerrada, con mascarilla, luces, música alta…me entro un poco el agobio…estaba en ese punto donde mi emoción se podía desbordar.

Y entonces, miré a mi marido (un apego seguro en toda regla para mi), como para darle la señal de intervención inconscientemente, como había aprendido en la escuelita.

Le miré y me dijo “Guaau, qué pasada, estoy súper emocionado, tengo los pelos de punta”.

Entonces yo ahí conecté con la seguridad y con su emoción y sentí algo parecido, y me emocioné también y dije: “ya ves, es verdad, cuánto tiempo sin vivir esto, qué miedo y qué ganas tenía también, cómo lo he echado de menos, es lo más parecido a ir de fiesta que viviremos en un tiempo”.

Por eso en terapia, cuando la emoción te desborda, es necesario que la persona que te acompaña pueda ser ese apego seguro que interviene en el momento justo y te calma y te dice que todo está bien, que te anima a salir y a probar, que te da la opción de ir despacio si es demasiado para ti…