Marta, puedo con ello

“Marta, puedo con ello”

Seguramente no sería la primera vez que me he sentido sostenida, pero es la que recuerdo con más claridad. Esas fueron las palabras que pronuncio mi terapeuta una vez en sesión.

Cuando empecé terapia con ella, mi querida terapeuta Gestalt, recuerdo que yo hacía muchos esfuerzos para no contactar con mi emoción, principalmente la tristeza y si me empezaba a sentir así hacía mucho esfuerzo para dejar de sentirla.

¿Cómo hacía ese esfuerzo?

Ella me lo señalaba, yo apretaba el labio con fuerza para no hablar, me reía a la vez que lloraba, me frotaba los ojos…ponía toda la atención y toda la energía en no dejar salir mis lágrimas, y la verdad que el nudo en la garganta dolía de toda la presión que yo ejercía.

Además de señalar mis reacciones corporales me iba diciendo “Marta, está bien, déjate, puedes llorar, respira…”

Y yo ahí contactaba un poquito más con la emoción, a lo mejor dejaba de apretar tanto el labio, respiraba un poco, se me caía alguna lágrima pero luego decía “vale, ya está”.

Seguía siendo un “si, pero, no” hasta que oí esas palabras y me dijo “Marta, puedes llorar, voy a poder sostenerlo, estoy aquí”

Guau, y ahí fue como si me dejase caer, como si hubiera unos brazos que me podían mecer…

Porqué antes de poder maternarte, necesitas que alguien lo haga contigo, que te acoja, te cuide y te sostenga y luego ya, lo que vas a necesitar es que alguien te enseñe como se hace…

Para ser independiente, primero necesitamos ser dependientes, por eso es importante, que podamos tener referencias disponibles y sensibles a nuestra emoción.

Quizá tenemos recuerdos de figuras cercanas, cariñosas pero a lo mejor esa emoción de la tristeza se acompañaba con una sensibilidad distinta a la que te comento, quizá se parecía a un:

“Marta, va cariño, ya está, no llores, no pasa nada”

Es sensible si, pero esa respuesta no acoge la emoción, no la contiene, no sostiene…por eso eso para mi es importante la educación emocional, para encontrar la manera de poder ver la emoción y validarla.

Cuando validamos a la tristeza, también validamos a la persona que la siente. 

¿Cómo te relacionas con la tristeza? ¿Haces esfuerzos por no sentirla o la puedes transitar a pesar de la incomodidad?