No quiero que esto me afecte

Cuando empezamos un proceso terapéutico a veces en la demanda aparece éste deseo “me gustaría que las cosas no me afectaran del modo que lo hacen ahora” o cuando vemos a alguien que “gestiona las emociones mejor que nosotros” hay una expectativa de lo que voy a conseguir o de lo que quiero alcanzar.

Voy a indagar en el segundo, que es el que me toca directamente.

Ya te avanzo, que yo soy psicóloga y no he llegado al Nirvana de las emociones, me enfado, las cosas me molestan, tengo miedo y reacciono, lloro, a veces me descuido, a veces tengo que esforzarme para hacer mis rutinas habituales… Por eso, quiero explicarte un buen día de mi vida a nivel de gestión emocional.

Me levanté por la mañana, desayuné…

Sin intención alguna de hacerlo porque no lo tenía planeado, al terminar de desayunar, me apeteció bailar así que me preparé para hacer zumba en casa.

Hice la comida, prepararé una lavadora, fregué los platos… (Vaya, nada espectacular).

Hice una grabación de “La hora de Maternarte” (unos encuentros que puedes ver o escuchar en Instagram, YouTube o Spotify) e hice mis sesiones de la tarde.

Al terminar las sesiones, ese día era pronto, y habíamos quedado con una amiga que, si no terminaba muy cansada, la llamaría.

Mi plan inicial fue “uf, ya he terminado el día, me tiro al sofá y la llamo”. Pero sentí mi cuerpo con energía, aún entraba sol por la ventana y sentí que me apetecía pasear.

Así que salí de casa e hice la llamada.

Al volver a casa, intercambié un par de WhatsApp con mi madre y me emocioné recordando a mi abuela, que falleció a finales de agosto, lloré un buen rato mientras la pensaba.

Por muy buena gestión que tenga, vivo situaciones que hacen que mi vida no sea estática y que me tenga que ir adaptando, somos cambiantes.

En mi caso, mi abuela falleció el 22 de agosto y me casé el 10 de septiembre, ya ves, dos situaciones contrapuestas a nivel emocional, una muy triste y una muy feliz. Menudo trabajo para gestionar eso.

Cuando volví de vacaciones, esa semana fue más difícil de transitar, muchas emociones en poco tiempo. Y aunque “sé lo que me va bien” me costaba hacerlo.

Aunque sé que me va bien dar un paseo por la mañana para despejarme, no tenía ganas de hacerlo. Aunque sé que me va bien compartir como me siento, no me apetecía hablar excepto con un par de personas, tenía necesidad de silencio… Con esto quiero decirte que, con el proceso terapéutico, los talleres, las lecturas no vas a conseguir que no te afecte y te conviertas en un robot… sino que vas a seguir siendo humana, que se molesta, esta triste, pero en mi caso, al haber invertido en mí, sé que si estoy triste me voy a dejar estar.

A veces hay una expectativa del “sanar” “del estar bien” y muchas veces esa expectativa se traduce en “no quiero sentir”.

Quiero decirte que, aunque gocemos de una “buena gestión emocional” vamos a atravesar situaciones que nos pondrán un poco a prueba y eso no querrá decir que tengamos una mala gestión emocional o que no hayamos aprendido nada, sino que hay cosas que aún no hemos vivido y por tanto no sabemos cómo lidiar con ellas.

Imagina que estás en el mar, en el mar hay olas, vienen más fuertes, otras más flojas… Algunas casi no te mueven y las surfeas y otras te dan la vuelta…

Hay veces que poner en práctica lo que he aprendido te va a llevar más trabajo del que te gustaría, que no te va a salir automático, que te vas a tener que esforzar… y eso no anula todo lo que ya has aprendido.

Yo aprendí sobre educación emocional en terapia, cuando empecé mi proceso a los 23 aproximadamente y hoy en día sigo revisándome, en terapia y en supervisión de casos, por eso que cada día aprendo de mí, y hay cosas que aún me faltan y hay otras que ya he aprendido.

Seguimos caminando, seguimos compartiendo…