Reaprender a disfrutar

Hablamos de la importancia de poder reaprender a sentir tristeza, a no tragarnos el nudo que se nos coloca en la garganta cuando hacemos fuerza para no llorar, pero hay veces que también es necesario reaprender a sentirnos alegres, a disfrutar…

Hay familias donde la alegría se ha minimizado, imagina a un niño, saltando, corriendo, gritando de emoción porqué llueve y puede usar sus botas de agua y oye “ay, bueno, cálmate un poco, sólo es lluvia”.

O una adolescente qué está contenta porqué unos amigos de sus tíos la van a contratar de canguro y eso le va a permitir tener ingresos para poder sentirse más independiente y en su casa le dicen “cómo eres, eso no es un trabajo, no te dará para nada”.

O quizá sigue ocurriendo en tu vida adulta, cuando llegas a casa y estás contenta porqué la renta te sale a devolver y te dicen “pero no te confíes, que tal como está la vida, no vas a tener jubilación”.

Y estas líneas que lees, no hace falta que se digan con un tono serio, crítico o agresivo, si no que son expresiones dónde quizá también ves a la otra persona que te lo dice sonreír, pero claro, no llega el mensaje como si conectase con tu alegría…¿verdad?

Recuerdo una sesión donde hablábamos de esto, de reaprender a disfrutar, porqué cuando no queremos quedarnos en la sensación que nos produce una emoción, nos ocurre con todas.

Es decir, si has vivido dentro de una familia que ha minimizado la alegría, sentirte ilusionada se vuelve un riesgo de ser de nuevo humillada. Cuando has aprendido a reprimir, evitar o callar mis emociones no puedes elegir cuál sentir y cuál no, sino que cuando le bajamos el volumen a la rabia, es probable que la alegría también se vea afectada y se escuche bajita.

Entonces viene está sensación de “no disfruto de las cosas buenas” “no puedo agradecer lo que tengo”  “me va todo bien pero es como si me faltase algo”.

Claro, a veces nos falta el permiso de sentir, de sentir emociones, de dar saltos de alegría, de que nos cambie el tono de voz, de que hablemos más rápidas de la emoción, de que queramos estrujar y abrazar a la otra persona porqué estamos contentas…

Y no me refiero a que cuando las cosas te vayan mal estés positiva, sino al contrario, que cuando las cosas te salgan bien aparezca la emoción que te ayuda a adaptarte a ese cambio, a esa novedad, ya que esas dificultades emocionales son consecuencias de experiencias y aprendizajes antiguos…

Piensa en esa amiga que se alegra de tus logros como si fueran suyos, tenla presente cuando quieras contar una buena noticia, permítete conectar con tu dicha y compártelo con las personas que vayan a validar, a realzarla…encuentra a personas que te animen a quedarte un ratito más en esa sensación de bienestar.

¿Cuál fue la última vez que celebraste un logro, una buena noticia?

¿Cuál fue la última vez que te alegraste por lo que te había pasado?

¡Lo celebro contigo, te lo mereces!