Relatos de la niña herida

¿La niña herida? ¿La herida infantil? ¿Sabes a qué me refiero cuándo hablo de esto?

Cuando hablo de niño herido es aquella parte de nosotros del pasado, la parte infantil que no fue resuelta en su momento.

La emoción que no expresaste, las palabras que no dijiste, la explicación que no encontraste y sobretodo la atención, el afecto, el amor que sentiste que no recibiste. Esas situaciones que te confirmaban que no eras importante, que no te tenían en cuenta, que eras invisible y que no eras suficiente se van guardando y en la vida adulta salen en forma de emociones desbordadas, reacciones emocionales acumuladas…

Esto se reactiva con la relación de pareja y con el nacimiento de los hijos. Porque la pareja nos va a pedir caricias y contacto, vamos a tener que dar y cuando no hemos recibido amor, cuesta entregarlo al otro porque no sabemos como y porque sentimos que no tenemos suficiente, que nos quedamos sin si se lo entregamos.

Nos hemos vinculado desde la carencia y queremos que el otro llene ese vacío y cuando no lo hace le culpamos. Es cierto que aunque la elección a veces es desde la carencia si se trabaja, esa relación puede cambiar, si tu cambias y aprendes a darte lo que necesitas puedes vincularte de otra manera con el resto de personas y también en tus relaciones. También culpamos a los hijos cuando no son como nos gustaría que fueran porque probablemente tampoco nos sentimos aceptados ni queridos incondicionalmente… ¿Notas cuando tu herida infantil escuece? ¿Puedes escuchar los deseos de tu niña interior?

Actualmente colaboro en una escuela alternativa de pedagogía viva con niños de 2 a 6 años, había una niña de 3 años que se enfadó con otra, cuando me acerque para nombrar y para dar presencia, me rechazó y lo respeté, ella necesitaba espacio y se lo di pero algo en mi se sintió herido.

Para mi fue suficiente con sentir para conectar y pensar ¿Cómo se hubiera sentido mi Marta pequeña? ¿Cuántas veces buscó un acercamiento y hubo un rechazo? ¿Quién había cerca para acompañar su enfado?

La manera en que yo libero a mi niña herida es conectar con lo que ella necesitó en su día y no tuvo. Ese momento en la escuelita me hizo revivir alguna sensación del pasado donde yo había sentido rechazo y al recordar alguna situación sentí tristeza. Por eso más tarde, lloré al recordarlo, para poder llorar hoy lo que cuando tenía 6 años no pude hacerlo por los motivos que fueran. Hoy soy una Marta adulta que se sostiene por eso si hay algún momento en que mi niña herida toca a la puerta, la dejo pasar, la lloro, la calmo y la abrazo. 

Estoy contigo pequeña, no estás sola.