Reparando a la niña interior

A menudo cuando dentro del contexto terapéutico generamos un recurso, como unas palabras amorosas hacia nuestra niña interior, para conectarnos con el presente en momentos de activación, la mayoría de las personas piensan “¿pero esto servirá?”

Me refiero a reparar a esa niña interior y poder decirle algo desde la adulta que somos hoy, que nos hubiera gustado escuchar pero que los adultos que cuidaban de nosotras en la infancia no dijeron.

En concreto estábamos trabajando en la reparación de una parte complaciente, es decir una parte que suele decir que si cuando en realidad quiere decir que no, que dice su opinión a medias o no la dice, que pone buena cara, que tiene dificultad para poner límites…

Cuando hablo de partes, tienes que imaginar una matrioska o muñeca rusa, que debajo de todas las muñecas que se van poniendo encima, hay una pequeña, y esa es nuestra parte original, la esencia de nuestra identidad y también la parte más vulnerable de nuestra personalidad a la que llamamos niña interior.

Y es que cuando aprendemos a ser complacientes, a quedar bien, en realidad nos protegemos del rechazo y satisfacemos la necesidad de sentirnos vistas.

Lo que ocurre que ese recurso que nos servía de pequeñas para que mamá estuviera orgullosa, para que papá no se enfadase, para que mi profesora me ayudase… A día de hoy, como adultas quizá nos dificulta la conexión emocional en las relaciones, ya que no sentimos una relación mutua de seguridad, sino que sentimos que estamos dando más de lo que en realidad recibimos.

Y es que, imagina ahora, una niña de 6 años que algo le ha pasado y llora, pero le dicen “venga, no llores que sino mamá se pone triste” y esa niña obedece pero su necesidad de llorar y sentirse en calma, se queda insatisfecha, porqué lógicamente ha elegido ser visible para su mamá.

Cuando reparamos esa parte, lo que queremos es traer a esa niña de vuelta, en forma de estado emocional, quizá me sentía sola, me sentía triste e identificar su necesidad, quizá quería un abrazo, que me preguntasen que me pasaba, que me mirasen…

Entonces una vez nos damos cuenta que a menudo cuando complacemos a la otra persona, tenemos que pensar en lo que le ocurre a esa niña y lo que necesita, comparamos el trato que está recibiendo de nuestra adulta ahora, y nos preguntamos ¿Qué hago cuando me siento así? ¿Cómo me hablo? ¿Lo que me estoy diciendo me ayuda? ¿Hay algo que me pueda decir ahora?

Por eso, reparar y maternar a tu niña interior tiene que ver con poder decirle lo que le hubiera gustado oír.

*Como decía al inicio del artículo, esto lo hacemos en un contexto terapéutico, ya que no hablo de repetir afirmaciones positivas, sino de reparar el vínculo y esto es necesario realizarlo acompañada.