¿Será necesario hablar de mi infancia?

A veces cuando queréis empezar un proceso conmigo, me preguntáis si va a ser necesario abordar el pasado.

Yo siempre digo que desde el enfoque de psicoterapia integradora, o al menos tal como yo lo concibo y aplico, es un baile entre pasado y presente, como si no pudiéramos hacer un mapa de vuelta si no sabemos cómo se ha trazado el camino de ida.

Para saber qué te pasa, cómo se relaciona eso contigo, necesito saber qué te pasó.

Es decir, liberar esa emoción del pasado y a la vez generar herramientas en el presente.

Ya que quizá hay situaciones en la actualidad que se van a activar (a estas activaciones, las llamamos detonante) con mucha carga emocional y si solo atiendo el presente se va a quedar “a medias” por qué no me voy a poder hacer cargo de todo lo que supone eso para ti.

Imagina que es tu cumpleaños, que invitas a tu amigo Pablo y él te dice que no puede venir.

Si solo conozco eso de ti, puedo imaginar cómo te sientes, pero no el impacto de ese tipo de situaciones en tu historia.

Y quizá de algún modo sería algo así, “jo qué lástima quería que viniese o qué rabia pensaba que vendría”, pero sin embargo han pasado días, ya has celebrado tu cumpleaños y notas que tu relación con Pablo se ha resentido, le sigues dando vueltas a esa situación.

A priori, parece que es una situación que tiene un principio y un fin, que parece una situación neutral, pero a la distancia nos parece algo desproporcionada, porqué nos quedamos enganchadas en esa situación que no solo acumula el “no” de Pablo sino todos los que he recibido y me confirman esas creencias sobre mi…

Y llegamos a una sesión de terapia y me dices “pero es que yo creía…es que yo supuse que él…es que me dijo”.

Imagina que esa situación activa algo en ti que yo desconozco, porque forma parte del pasado, y me cuentas que tú le dices a Pablo “pues vale, no vengas, tú te lo pierdes”.

Para mi será interesante poder saber qué ha activado esa negativa de Pablo en ti, a qué te suena de tu historia de vida y preguntarnos:

¿Cuántas veces me sentí rechazada en la infancia?

¿Cuántas veces sentí que había otro plan mejor que yo?

¿Cuántas veces sentí que yo no era importante para el otro?

¿Cuántas veces no me sentí especial o no vista?

Si sólo me quedo con el presente, lo veo como una situación puntual y la abordamos desde el presente, pero hay algo que sigue quedado insatisfecho.

Si me doy cuenta de toda la acumulación de “heridas” que tienen que ver con el rechazo en tu vida, no solo esta vez en la actualidad, podremos ir integrando esas experiencias del pasado, recolocando situaciones y creencias, así quizá pueda actuar la adulta y responder en vez de reaccionar.

Responder en vez de reaccionar se parecería a: “Pablo me gustaría que estuvieras, entiendo que no puedas venir”.

Responder desde la adulta no quiere decir que no me moleste o no me sienta triste, sino que me doy cuenta.

Cuando reacciono desde la herida, no me ha dado tiempo a pensar, simplemente reacciono.

¿Te ha ocurrido que has tocado una sartén caliente y has apartado el dedo enseguida?

Has reaccionado, no te has preguntado a cuántos grados está la sartén, por qué tu dedo ha tocado la sartén…sino que has reaccionado sin pensar.

En este caso lo mismo, hay algo que se activa en nosotras, una herida a la que reaccionamos.

Por eso para mí es importante conocer tu pasado, para poder acompañarte mejor también en tu presente.